"No, si cuando tienen que venir para aquí demoran mucho. Dejá, me voy hasta la esquina y ahí me tomo un taxi". María Isabel Osores estaba deseosa de llegar a la terminal. Aún le esperaba un viaje hasta Salta para ver a su madre. Habían pasado algunos minutos de las 7 y con una cartera de cuero salió de su domicilio, ubicado en calle La Plata al 100. Nunca llegó a tomar el taxi, y hoy se debate entre la vida y la muerte en un sanatorio, luego de haber sido víctima de un salvaje arrebato de parte de al menos tres sujetos.

La mujer tiene 65 años y es escribana de Catastro de la provincia. Vive con su esposo, Ramón Orso, y con su hija de 16 años. Todos los conocen en la zona, y los consideran excelentes personas. "Son trabajadores, nunca tuvieron problemas con nadie. La señora siempre fue muy educada. Incluso el viernes a la noche me había saludado cuando me cruzó", relató Alejandra Magallanes, quien vive a pocos metros.

Osores caminó por La Plata y cruzó calle Marina Alfaro. Se disponía a esperar el taxi cuando fue atacada. Algunos testigos dijeron que fueron dos los que la interceptaron y pretendieron arrebatarle la cartera. Ella se aferró al bolso, pero no con intenciones de resistirse, sino que había quedado paralizada por el terror. No era la primera vez que le robaban. Ya había pasado por una experiencia similar hace algún tiempo cerca de la plazoleta Dorrego, explicaron sus familiares, y desde entonces le había quedado un trauma con la inseguridad. Los ladrones forcejearon con la mujer, pero como no le podían quitar el bolso, la tiraron al piso. Uno de ellos, desde atrás, la alzó directamente del cuello y la arrojó duramente contra el piso. Ya no eran seres humanos, se habían transformado en monstruos. Con una saña increíble la comenzaron a patear en el suelo. Osores recibió la mayoría de los golpes en la cabeza. Ella intentaba cubrirse, pero poco pudo hacer ante la saña de los atacantes. Sus gritos de dolor y de auxilio llamaron la atención de algunos vecinos, que salieron a ver lo que sucedía. Lo que vieron los espantó. Osores estaba en el piso, desvanecida, en medio de un charco de sangre. Los ladrones escapaban llevándose el bolso de la mujer. En el piso habían quedado sos bolsas de plástico en las que llevaba los regalos para sus ahijados que viven en Metán. También había quedado una de las manijas de la cartera, que se rompió durante el brutal ataque.

Tremendos golpes

Primero la trasladaron hasta el Hospital Padilla y luego, teniendo en cuenta que debían hacerle una tomografía computada, se decidió llevarla a un sanatorio céntrico. Fuentes médicas advirtieron que había sufrido politraumatismos en todo el cuerpo, y que en la cabeza se le había formado un coágulo, producto de los golpes recibidos. Además tenía afectada la zona de la traquea, por lo que debieron ponerle un respirador artificial.

En el sanatorio, Orso trataba de encontrar explicaciones para algo que no las tenía. "En un segundo te cambian la vida, uno no puede salir a la calle, porque no sabe lo que te va a pasar", decía. El hombre advirtió que la zona es extremadamente insegura. "Hay robos todos los días", afirmó ante LA GACETA. En no estaba en el domicilio cuando se produjo el ataque. Cuando se enteró no lo podía creer. "Debería haber esperado el taxi en la casa, pero se ve que estaba apurada", opinó. El pasaje hacia Metán tenía impresa la hora de salida para las 8 y ella estaba apurada por llegar a la terminal. Cuando los vecinos dieron la alarma la zona se convulsionó con el ruido de las sirenas. Personal de Robos y Hurtos, al mando de los comisarios Miguel Luna, Adrián Alvarez, Humberto Ruezga y Raúl Ferreira, y del Area Investigativa de la seccional 4ª, al mando de los comisarios Cándido Galván, Ramón Quinteros y Heberto Cortez, más policías de Patrulla Motorizada y del Comando Radioeléctrico comenzó a buscar a los delincuentes. Los encontró. Los delincuentes estaban sentados tranquilamente frente a una casa del pasaje Petalozzi, a pocas cuadras de la vivienda de la víctima. Habían estado tomando desde el viernes a la noche y, según los vecinos, al menos dos de ellos estaban sumamente drogados. La llegada de la Policía provocó un enorme revuelo.

Los acusados intentaron escapar, y tuvieron que ser perseguidos. En ese momento, decenas de vecinos salieron en defensa de los buscados. Armados con piedras y palos atacaron a los agentes. Varios vehículos policiales sufrieron destrozos. Así y todo, los principales sospechosos y otros dos que habrían colaborado con ellos fueron aprehendidos. En ese barrio los conocen todos: "Bebelú" y "Soldadito", ambos de 18 años, habrían sido quienes atacaron a Osores. "El Turco Cacho", de 32 y "Carita", de 18, quienes los ayudaron. Todos tienen antecedentes policiales y habían estado presos hasta hace pocas semanas. Todos quedaron a disposición de la fiscala VIII de Instrucción, Adriana Giannoni, ante quien declararán.

Irrefutable

Buscando pistas, la Policía ingresó a la casa ubicada a pocos metros de donde los delincuentes habían estado tomando. Allí encontraron, tirado en el fondo, la cartera de la mujer, con todos sus papeles y remedios en el interior. Sólo le faltaba el dinero y unos $50. Incluso estaban los pasajes. La prueba era irrefutable.

En cierto momento, mientras Orso estaba de pie apoyado contra una de las paredes del sanatorio, se acercó su hija de 16 años, con los ojos enrojecidos. Lo abrazó y le dijo muy despacio: "tengo miedo". El la abrazó y le dio un beso en la cabeza. "Tenemos que esperar un milagro", le dijo él. Y ella entonces caminó hasta una pequeña capilla y comenzó a rezar...